Michel Houellebecq y la arquitectura contemporánea

Michel Houellebecq painted portrait _DDC2379A propósito de algunas discusiones que ha abierto la lectura de Pablo Fernández Christlieb en la clase de Conocimiento y Cultura con algunos alumnos de arquitectura (aquí y acá), recordé un ensayo de Michel Houellebecq que se llama “Aproximaciones al Desarraigo” y que está incluído en su libro El mundo como supermercado (Anagrama).

La mirada de Houellebecq a nuestro siglo naciente es demoledora. Aquí unas perlas sobre la arquitectura y su función en el contexto de la socieda de consumo:

La arquitectura contemporánea es modesta; sólo manifiesta su presencia autónoma, su presencia como arquitectura, mediante guiños discretos; en general, micromensajes publicitarios sobre sus propias técnicas de fabricación (por ejemplo, es habitual que la maquinaria del ascensor, así como el nombre de la empresa responsable, esté muy a la vista).

La arquitectura contemporánea es funcional; hace mucho tiempo que la fórmula «Lo que es funcional es obligatoriamente bello» erradicó las cuestiones estéticas que tienen que ver con la arquitectura.

El énfasis en “obligatoriamente bello” es mío.

La arquitectura contemporánea, que alcanza su nivel máximo en la constitución de lugares tan funcionales que se vuelven invisibles, es transparente. Puesto que debe permitir la circulación rápida de individuos y mercancías, tiende a reducir el espacio a su dimensión puramente geométrica. Destinada a ser atravesada por una sucesión ininterrumpida de mensajes textuales, visuales e icónicos, tiene que asegurarles la máxima legibilidad (sólo un lugar absolutamente transparente puede asegurar una conductibilidad total de la información).

Houellebecq pone como ejemplo la arquitectura de las estaciones de trenes (que en México ya no existen) o de aeropuertos (que en México se han puesto de moda últimamente).

[…] si consideramos que no sólo vivimos en una economía de mercado, sino, de forma más general, en una sociedad de mercado, es decir, en un espacio de civilización donde el conjunto de las relaciones humanas, así como el conjunto de las relaciones del hombre con el mundo, está mediatizado por un cálculo numérico simple donde intervienen el atractivo, la novedad y la relación calidad-precio. Esta lógica, que abarca tanto las relaciones eróticas, amorosas o profesionales como los comportamientos de compra propiamente dichos, trata de facilitar la instauración múltiple de tratos relacionales renovados con rapidez (entre consumidores y productos, entre empleados y empresas, entre amantes), para así promover una fluidez consumista basada en una ética de la responsabilidad, de la transparencia y de la libertad de elección.

 

Se trata de crear espacios neutros donde puedan desplegarse libremente los mensajes informativo-publicitarios generados por el funcionamiento social, que además lo constituyen.

En términos de Fernández Christlieb, ¿qué tipo de epistemología (relación sujeto-objeto) promueven estos espacios?

La arquitectura contemporánea, por lo tanto, asume implícitamente un programa simple, que puede resumirse así: construir las secciones del hipermercado social. Lo consigue, por una parte, manifestando una fidelidad absoluta a la estética del casillero, y por otra, privilegiando el uso de materiales de granulometría débil o nula (metal, vidrio, materias plásticas).

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