¿Qué sentido tienen las clases de relleno? (parte I)

El viernes pasado participé en una discusión muy interesante en una reunión de Academia con los colegas que damos Conocimiento y Cultura en el ITESO. Resulta que, según algunos datos de las encuestas de evaluación educativa que hace cada semestre hace la universidad, un porcentaje importante de los alumnos no entiende qué sentido tiene llevar una materia así. A pesar de que yo tengo algunas sospechas y reservas sobre el método y las implicaciones de estos indicadores de “calidad académica”, hay datos que coinciden con mi propia percepción, y es que un número importante de alumnos cumple con las actividades que les pedimos, lee lo que tiene que leer, escribe lo que tiene que escribir, en fin, hace lo que tiene que hacer para aprobar la materia, pero no alcanza a comprender qué sentido tiene esta materia en su formación profesional.

El problema

Lo primero que hay que reconocer es que es un problema gordo, probablemente EL Problema, porque sin sentido no hay aprendizaje.

Claro que, al ser un problema gordo, tampoco hay respuestas fáciles. Sucede que, a veces, el sentido de una materia se descubre con el tiempo. Y también es verdad que esta incomprensión tiene raíces culturales muy profundas, sobre todo en un mundo que entroniza la utilidad técnica y que ha excluido sistemáticamente de los planes educativos las materias culturales, filosóficas, artísticas y humanísticas, en general.  Como dice el cantautor Luis Pescetti en este breve ensayo, algo anda chueco en nuestra sociedad si todo el tiempo tenemos que estar convenciéndonos de que leer es importante.

Muchos alumnos desprecian estas materias “porque no sirven para nada”, “no tienen aplicación”, “no son útiles”. (Y la encuesta también incorpora algunos de estos supuestos educativos al preguntar constantemente sobre la “aplicabilidad”, “utilidad” y “claridad” de lo aprendido). Recuerdo que cuando estudiaba filosofía, un amigo, ingeniero químico, me preguntó en una peda, medio en broma medio en serio, que para qué servía estudiar filosofía.

–Servir, servir, servir, lo que se dice servir –le respondí–, para nada… Pero por lo menos ayuda a no decir las pendejadas que estás diciendo.

Y sin embargo, el ITESO considera que en estas materias, que tratan de promover la formación moral y crítica de los estudiantes, se juega el sentido diferenciador de un estudiante de una universidad de la Compañía de Jesús: ciudadanos críticos, participativos, transformadores.

En el caso de Conocimiento y cultura, se trata de que los alumnos comprendan que su modo de ver el mundo es una construcción, condicionada por factores de clase, de género, y que su modo de ver el mundo orienta sus decisiones y los hace sentirse parte de algo o de alguien, y que esto está en juego cada vez que aprenden algo, sobre todo en la Universidad, que es donde se construye el cuerpo de saberes que los harán ser arquitecto o diseñador o ingeniero en aeronáutica.

Yo creo que esto es muy importante y valioso. El problema es que que no es lo que los alumnos entienden ni quieren. Mi trabajo, entonces, no es sólo que lean y discutan y escriban sobre estas cosas para que yo pueda certificar por medio de una nota que ellos saben eso, como saben resolver ecuaciones diferenciales o saben quién era Clifford Geertz y por qué dice que la cultura es un sistema de interpretación, sino que comprendan qué sentido tiene todo esto. ¿Cómo le hacemos para hacer este clic? ¿Cuáles son las mediaciones que tenemos que ajustar para que exista esta meta-comprensión? En el fondo, de eso se trata la educación, ¿no?

Romper los prejuicios

(¿No se trataba de esto la clase?)

Lo chido de reunirse con colegas a conversar estas cosas es que siempre salgo con muchas ideas y preguntas.

Paco Talvera decía, por ejemplo, que una de las mejores maneras de enfrentar este problema es discutiendo con los alumnos sobre los prejuicios con los que nos acercamos al curso. Si los alumnos piensan que Conocimiento y cultura es una clase “de relleno”, y en los pasillos se le conoce como “Conocimiento y Basura” o “Conocimiento y Tortura”, entre otros expresivos motes, habría que abordar explícitamente cómo operan estos prejuicios en detrimento del conocimiento (y ahí hay toda una veta teórica sobre el papel de las ideologías y los prejuicios al acercarse a conocer algo). Y también hacer explícitos nuestros propios prejuicios: que hay alumnos flanes, que hay alumnos muebles, que si los de Derecho son de tal modo y los de Comunicación de éste otro…

Y aquí digo algo que no dijo Paco, sino que es reflexión propia: a menudo las juntas de maestros se convierten en catárticas sesiones sobre lo ignorantes, incultos, brutos, analfabetas, huevones, apáticos e inmaduros que son nuestros alumnos. Una especie de quejido que me recuerda aquel texto que el colombiano Camilo Jiménez publicó en su blog cuando renunció a la universidad y que se convirtió en un éxito viral entre profesores, quizá porque confirmaba gremialmente nuestras penurias y desgracias. (Vean si no la cantidad de comentarios que ha provocado).

Supongo que si pudiéramos presenciar las conversaciones que los alumnos tienen sobre nuestras clases, escucharíamos lo anticuados, aburridos, fosilizados, esnobs, abstractos y previsibles que somos.

Obviamente, ninguno de los dos retratos es cierto: mis colegas son gente muy preparada y competente, que está metidísima en proyectos de investigación y de docencia muy importantes, y entre nuestros alumnos están los que hicieron el #YoSoy132 y el Paro Activo en solidaridad con Ayotzinapa, hay chicos que escriben y leen poesía, que participan en colectivos sobre movilidad urbana y sobre diversidad igualitaria, que organiza la famosa escuelita cuir (queer, pues), chavos que hacen aplicaciones para celulares y iPads, drones, programan sistemas de monitoreo de bosques, están metidos en la onda de los videojuegos o las tarjetitas Magic, que toman fotografías de altísima calidad y que, quizá sin ser plenamente conscientes de ello, viven en un complejo mundo social lleno de categorías que a nosotros nos pasan desapercibidas pero que pueden ser caldo de cultivo perfecto para nuestra clase: que si los hipsters, que si los mirreyes, los nacos, chacas y darks.

Sesión de la Escuelita Cuir, organizada por el Colectivo de Diversidad Igualitaria del ITESO
Sesión de la Escuelita Cuir, organizada por el Colectivo de Diversidad Igualitaria en la Bibioteca de ITESO

Estoy convencido de que la salida, tiene que ver con algo que decía Paulo Freire y que se nos olvida muy fácil: el punto de partida del aprendizaje ha de ser la realidad del alumno. Nuestra chamba es hacer que ellos se hagan preguntas a partir de las cosas que les interesan y preocupan, para que entonces sí les hagan sentido las cosas que dicen Geertz, Fernández Christlieb, Butler, Luis Villoro, Ortega y Gasset, Zambrano, y los demás autores con los que trabajamos.

Y bueno, ¿qué hacemos?

Cuando salí de la reunión estuve pensando mucho en qué hacer. Y además de algunas modificaciones en el curso sobre las que escribirá muy pronto (suscríbanse a este blog para enterarse, jaja), también pensé que quizá debería comenzar por preguntarle a mis alumnos. Así es que he escrito estas reflexiones y dudas, para que ustedes (y también los colegas y extraños que pasan por aquí), puedan sumarse a la conversación.

Así es que, muchachos, ¿cómo le hacemos para que esta clase tenga sentido?

(Continuará).

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10 Comments

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  1. Camarada, comparto desde hace tiempo y con plenitud la idea de que hemos de aplicarnos esos principios con los que hacemos la clase de Conocimiento y Cultura para poner en cuestión nuestros prejuicios acerca de lxs estudiantes universitarixs. El ejercicio que hemos tenido este semestre de que cada quien presente sus intereses, sus pasiones ha sido riquísimo. Podemos seguir pensando que nuestra materia es algo que lxs estudiantes “deben” de saber. Pero ciertamente el saber no se construye por deber, sino cuando hace sentido en la propia vida cotidiana. Lo primero que podemos hacer, considero, es dejarnos interpelar por los saberes e intereses de lxs estudiantes, así como esperamos que ellxs sean interpeladxs por la propuesta de nuestra asignatura. ¡Saludos y gracias por compartir las inquietudes!

  2. Muchas gracias por compartir tus reflexiones. Dan luz y generan debate. Me gusto la plática y la reacción que generamos, cuando llevamos a los alumnos al parque Morelos. Me llamo la atención lo que comentaste: “conectar el aula con la calle y viceversa”. Ese aspecto ha sido un eje central en mis clases. Lo hago partiendo de los mundos culturales de los alumnos, me enseñan las preocupaciones que tienen, sus netas y sus desafíos. Disfruto ver los choques, las conexiones y resignificaciones generacionales. Muchas veces son situaciones desconocidas y sorprendentes.
    Cada vez más mis clases se acercan a convertirse en un laboratorio social donde las experiencias son el centro de los debates. Semestre a semestre descubro una capa distinta, en esta exploración he tenido que abrirme y posicionarme estratégicamente como un escucha.
    Tengo muchas ideas, muchos trazos generales, que me gustaría compartir. Propongo una encerrona, donde la creatividad fluya.
    saludos

  3. Uff, qué tema este de las categorías… Creo que efectivamente reproducimos en el aula una relación basada en ellas que no hacen más que levantar muros. Y finalmente de eso se trata nuestra clase: de reconocer los muros, los filtros, los obstáculos que tiene nuestra mirada del mundo y por lo tanto nuestra relación con el mundo.
    Tenemos un reto enorme enfrente tanto estudiantes como profesores por convertir el aula en espacio de diálogo y de interpelación, como dice Héctor. Creo que la responsabilidad es mutua, pero sí tendríamos que comenzar por reconocer esa realidad desde la cual parten ellos y ellas, aunque eso implique chamba y un ajuste constante de nuestros cursos. Las preguntas que yo me hago es ¿por qué es importante para un estudiante de licenciatura problematizar el conocimiento?, ¿realmente tenemos claros los profesores esta primer pregunta? y si es así ¿cómo comunicar esa importancia?, ¿cómo trabajarla con ellos?, ¿cómo llegar a esa conclusión con ellos?
    Me gusta lo del laboratorio social tanto como el laboratorio de la Red. Quiero seguirle pensando. Gracias J. Miguel por poner sobre papel nuestras reflexiones e invitarnos a seguir alimentando esta búsqueda y discusión. Me apunto para la “encerrona”.

  4. Lo que analizas y vislumbras en esto que nos compartes, creo yo, es no solo un reto de las materias estigmatizadas como “de relleno” si no de la enseñanza hoy en día en general. Cómo hacer que encuentren sentido a algo que TIENEN que hacer para poder obtener el papelito al terminar la carrera, u obtener el numerito de la calificación y mantener su apoyo financiero?

    En definitiva concuerdo contigo con respecto a lo que mencionas de Freire, ya que, de qué otra manera se encontrará lo que haga a los alumnos apropiarse de aquello que ofrece la materia? Por qué deberían esperar aprender algo de la materia?

    De qué otra manera puede algo hacer sentido a cualquier persona en cualquier punto de su vida si no le encuentra relación con su ser, necesidades, preocupaciones, metas, sueños, responsabilidades, etc. La realidad no solo escolar, laboral o personal, si no el conjunto de todas ellas, de cada alumno, debería de ser el punto de partida desde la infancia para la educación. Pero eso… tiene tantas implicaciones y consecuencias que suena a escrito de Moro.

    Es siempre interesante y esperanzador leer cosas así, que denotan el hambre por algo más y mejor en la profesión, especialmente cuando se trata de una persona que tiene el rol de profesor.

    Gracias por compartir!

    • Si, Daniel, tienes razón: el sentido último no es el de una clase, sino el de la vida. Pero creo que hay grados de dificultad: como digo en el post, hay muchos alumnos que saben muy bien lo que quieren, son sacrificados y generosos, y hacen cosas interesantísimas. Luego hay otros que sólo se interesan por su metro cuadrado de suelo, a los que hay que ayudar a que se abran a la riqueza y pluralidad del mundo (el Universo es más ancho que sus caderas, como dice Sabina) Finalmente está la gente que no sabe ni qué quiere ( y en muchos casos nunca lo sabrá).
      Lo que importa es saber vivir, claro.

  5. Que pasa mi Tomasena. Fíjate que estuve pensando un buen rato en todo esto que escribes tras el Paro Activo en ITESO ya que ahí me encontre con un buen de banda muy diversa interesada en participar. Me di cuenta que hay que tener paciencia y tener cuidado con esta “vacunada” del conocimiento. En mi caminar por el ITESO me he encontrado con un gran número de personas que buscan/quieren un cambio, pero a veces no participan porque se sienten inexpertos, menos, u objeto de burla por esta banda que “sabe” más. Recuerdo que una vez lo que una vez me dijo una compañera cuando la estaba invitando a un proyecto: “me interesa mucho y voy a hacer lo que pueda, pero no soy como tú y la neta es que a veces siento que no sé nada”. Creo que hay que cuidar esto.
    Buscar promover encuentro, evitar comparar esta “calidad” de voces o participaciones y tratar de generar un ambiente donde todos se puedan sentir identificados/expertos con alguna temática en particular. Me agradó lo que mencionas sobre partir de lo que nos preocupa a nosotrxs. Aquí te dejo un video/reportaje de Aristegui sobre los Mirreyes que de hecho nos compartió Paco. Creo que son temas cotidianos, un tanto tabús y ya dados que pueden llegar a ser muy interesantes. Un abrazo 🙂

    • Gracias, Emilio.
      Es muy importante tu perspectiva y la de los demás compas. ¿Cuáles son las cosas que crees que hacemos los profesores que vacunan a algunos alumnos? En concreto, ¿qué deberíamos hacer para ser más pacientes o para evitar que los más tímidos se sientan intimidados? Me ayudaría mucho saber más…

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